“Nuevos paradigmas en la educación”

(Por Miguel Donadío - Abogado y especialista en negociación) Los desafíos, necesarios de identificar, de la educación del siglo XXI, en los que la creatividad deberá tener un rol preponderante, y los educadores la no menos difícil misión de adaptarse, lejos ya de los métodos del siglo XX.

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Es muy difícil encontrar otro momento de la historia donde la educación haya sido embestida desde tantos ángulos y perspectivas. Los esquemas educacionales transitaron el último siglo con lógicas monótonas. La currícula, el maestro, el aula, el pizarrón, el recreo, etc., todo ese paisaje más o menos igual desde hace más de 100 años. 


El mundo disruptivo del siglo XXI, con su enorme evolución en la ciencia de las tecnologías y de la comunicación, los cambios en los trabajos del futuro, los avances en neurociencias, la educación on line, los ciclos cortos del saber, el nuevo modelo alumno millennial, etc. y la propia crisis de un sistema educativo anquilosado, son solo algunos de los grandes impactos que debe afrontar el esquema educativo.

La educación del pasado entrenaba en conocimientos cuyo ciclo utilitarista resultaba casi “per vitam”. Para poner un ejemplo: quien se recibía en la universidad tenía garantizado su saber hasta prácticamente su jubilación. Hoy día, al propio tiempo que se está en universidad, la erudición que se está aprendiendo puede que entre en caducidad práctica al terminar el ciclo de esa propia educación superior. 

El nuevo paradigma está asociado al aprendizaje permanente, al estudio autogestionado, a la educación informal por fuera de los sistemas tradicionales, al mundo de la educación on line que permite aprender en instantáneo y cualquier tema desde nuestra propia casa, a tomar conocimientos en forma modular y al antojo del interesado que puede saltear las formas convencionales, etc.  

El mercado laboral también rompe con la mayoría de los arquetipos conocidos. Trabajos que existieron durante siglos dejan de existir en un abrir y cerrar de ojos, nuevos trabajos y modelos de negocios se crean sin que el sistema educativo tenga la menor idea cuales serán. Todavía prepara a los alumnos para el siglo XXI con saberes, estilos y formas del siglo XX.

Se abre un mundo de oportunidades para aquellos que adviertan que todo está cambiando de manera abrupta y disruptiva, con cosas desconocidas en abundancia como nunca hemos visto: la inteligencia artificial, la computación en la nube, el internet de las cosas, los drones, la automatización del mundo automotor, la educación on line, el e-commerce generalizado, las impresoras 3D, los negocios digitales, la robótica, etc. 

Los avances en las neurociencias, los descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro, etc. también impactan en la forma en que mejor conviene enseñar a los alumnos. De la educación uniforme, homogeneizada y estandariza debemos volantear a la educación personalizada. Enseñarle a cada uno de los alumnos de la forma en que mejor aprende y además detectarle su talento y potenciárselo son parte de los nuevos desafíos. Reconocer la teoría de las inteligencias múltiples.

Y fundamentalmente entrenar a los alumnos en las habilidades que se necesitan para sobrevivir a tantos desafíos: creatividad, materia fundamental que no integra autónomamente el modelo curricular actual, el entrenamiento en el pensamiento crítico, los saberes para trabajar en equipo y en colaboración, la empatía y demás técnicas comunicacionales donde la oratoria también sea materia oficial, etc.


Y más allá de todas estas cuestiones hay mitos que desterrar como por ejemplo esa falsa creencia que la tecnología cambiará la educación. A la educación la cambian los que siempre la cambiaron que son los maestros que tienen el enorme desafío de adaptarse a todo este tsunami disruptivo que impone una evidente transformación. 

Y a pesar de toda la disrupción descripta hay algo que no cambia: “La educación sigue siendo el arma más poderosa que se puede usar para cambiar al mundo”. 

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